Bogotá es una ciudad de sueños y aspiraciones. Quien llega de otras latitudes, puede encontrar en la capital de los colombianos los medios para resolver sus problemas, para alcanzar sus metas y desarrollar su vida. Aunque también es cierto que para muchos la vida en Bogotá es dura, muy dura.
Llevo 50 días como Alcaldesa designada de Bogotá y en cada frente de trabajo he encontrado respuestas y posibilidades para hacer que nuestra ciudad sea mejor. Pero es necesario romper esa barrera de temor y frustración que sienten los bogotanos y las bogotanas. El reto de esta Administración es brindarle a la ciudadanía esperanza y una visión de futuro.
El Mundial Sub-20 de fútbol es un símbolo de esa visión que podemos hacer realidad. Es necesario pensar en grande. Esta ciudad es el símbolo de esa aspiración, de esa garra que nos caracteriza como pueblo. Bogotá es nuestra casa. Y por ser nuestra casa debemos retomar el camino e involucrarnos en el proceso de transformación de la ciudad.
Bogotá tiene que continuar siendo el centro del comercio y la industria, la capital del empleo y una ciudad de derechos. Para construir esa visión hay que tener unas bases sólidas y una Administración comprometida que trabaje en equipo. Si todos nosotros nos exigimos el mismo nivel de cumplimiento, de trabajo y de esfuerzo que yo le estoy exigiendo a esta Administración, les aseguro que la ciudad funcionará bien. Por eso aprovecho esta oportunidad para decirles que lo que más quiero es poner la casa en orden.
Si vamos a progresar debemos tener sueños, visión y firmeza. Además de instituciones fuertes y democráticas, es necesario que la formación que cada uno de nosotros ha recibido se ponga en función de la visión de la ciudad del futuro. Poner la casa en orden es hacer justamente eso. Preparar la tierra y sembrarla para que los que vengan en el futuro encuentren la Administración en orden. Quiero sentar las bases para que la persona que llegue a la Alcaldía Mayor pueda seguir construyendo ciudad. Las principales acciones que emprendí son:
LAS BUENAS PRÁCTICAS. He creado un grupo especial que contará con la colaboración de personas designadas por rectores de las principales universidades del país, que voluntariamente se han unido a este propósito para apoyar a Bogotá en materia de consultoría ética y técnica para mejorar y fortalecer el sistema de contratación.
EL CÓDIGO DE HONOR. No basta ser honesto, tenemos la obligación de procurar que todos los que están a nuestro alrededor y con quienes tengamos contacto igualmente lo sean. Por ello, se plantea la necesidad de un Código de Honor que propenda por garantizar un control social transparente.
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